Ángel Peralta, una montura sin límites

Ayer falleció una leyenda viva del toreo a caballo. Ángel Peralta pasó gran parte de su vida envuelto de toros bravos y caballos, animales a los que adoraba: “Amar a los animales es amar la creación”, afirma uno de sus pensamientos. El tiempo sin edad era suyo encima de la montura, donde su pasión no paró de ascender hasta los 93 años de vida. Sus sentencias toreras desterraban un grito enterrado y su palabra era componente de humanidad y maestría.

El poder de Peralta, garrocha en mano, a lomos de “Discutido” en su finca.

“Gaviota” fue su primer gran caballo, el animal que le puso en la pista de las grandes ferias y le hizo apasionarse por el mundo del toro. Este jaco lo compró a base de cargar costales de grano al hombro y llevarlos hasta un barco que los transportaba a la otra orilla del Guadalquivir. Juan Belmonte comentó que a “ese caballo lo lleva Peralta en una maleta, lo saca, lo arma y se pone a torear con él”. Para el recuerdo también quedarán los pares de banderillas sin cabezada a lomos de “Favorito”. “El caballo es amigo porque no traiciona/ Es valiente porque afronta el peligro/ Es leal porque confía en los mandos/ Es sincero porque no sabe mentir; reacciona tal como lo siente/ Es guerrero porque sabe luchar/ Es fiel porque prefiere a su jinete” dejó escrito Peralta en 1994.

Datos para la historia

El histórico rejoneador fue el inventor de una gran variedad de artilugios para el campo bravo. Entre ellos se encuentran la nueva forma de espuelas vaqueras, el cajón de cura para los toros bravos o la mesa de operaciones para equinos. Peralta dio fuste a las corridas del arte del rejoneo, impulsó el toreo por colleras y el bello paseíllo que hacen los jinetes al comienzo de cada festejo de rejones. Marcó un antes y un después con el grupo de los “Cuatro Jinetes del Apoteosis” junto con su hermano Rafael, Álvaro Domecq Romero y el portugués Lupi y, además, fue el primer rejoneador en cortar el primer rabo en la Real Maestranza de Sevilla en 1971 frente a un toro de Urquijo. Ese mismo año sumó un total de 126 paseíllos, 280 toros, 442 orejas y 134 rabos y batió la marca de festejos toreados que hasta entonces ostentaba Manuel Benítez, “El Cordobés”.  El arte de rejonear, según Ángel Peralta, es “el galope ordenado, pausado y equilibrado que templa y manda la fuerza de la bravura de las acometidas del toro. El temple, entonces, brotará cuando el jinete amortiza el toreo, es decir, cuando hace creer al toro que podrá derrotar al caballo con sus astas y, sin embargo, sabe mantener las distancias”.

El jinete de la Puebla de Río se hizo cargo en 1953 del encaste Contreras para conservar una hierro histórico -Juan Belmonte cortó su primera oreja en Madrid a un toro de la mencionada procedencia de nombre “Tallealto”-. Su pasión por la cabalgadura le llevó a crear los caballos toreros y recuperar el histórico jaco español de estirpe cartujana. “La pureza es el sello de esta raza/ conservada por frailes cartujanos/ que forman caballos soberanos/ con perfil esbelto de su traza” relata en un poema el “Centauro de las Marismas”, apodo que le puso el ganadero salmantino Antonio Pérez-Tabernero. En 1966 también se hizo cargo de la ganadería de Carlos Melgarejo Osborne y la bautizó como Viento Verde. El 28 de julio de 1960 lidió un gran corrida en València durante un mano a mano entre Antonio Ordóñez y Paco Camino y el día 19 de marzo de 1992, Enrique Ponce cortó dos orejas al toro “Gomero”, de los Peralta, en el coso de la calle Xàtiva. En la frontera de su fin, Peralta ayudó a la jinete francesa Lea Vicens, a quien propuso formar parte de su equipo de domadores en el ‘Rancho El Rocío’ en La Puebla del Río (Sevilla) y la convirtió en rejoneadora el 14 de septiembre de 2013 en Nimes.

Apuntes literarios

Ángel Peralta también fue filósofo y poeta y sus conocimientos le llevaron a escribir libros como “Cabriolas” (Sevilla, 1960); “Caballo Torero” (Colonia, Alemania, 1971), obra de colección con aguatintas del pintor Capuletti; las narraciones camperas como “Cucharero”, con una edición en francés; “Mi sueño con el Pájaro y el Toro” (1995); el guión cinematográfico de “El Centauro de las Marismas” y los cuentos como “La suerte de la rosa” o “El sueño de un vaquero”. Criar, domar y enseñar, ese fue su oficio.

Jaime Roch

(Artículo publicado en el periódico LEVANTE-EMV en la edición de papel de 08.04.2018, Valencia)

 

 

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