Bravura progresiva

El indulto es la única participación directa del público en la gestión de un ganadería.

perera-bilbaUn toro indultado no deja de ser el semental indultado que no eligió el ganadero, sino el pueblo, la gente, el público, el aficionado. Un indulto es la participación más directa del público en la Fiesta, y la única forma de participar directamente en el futuro de una ganadería. En sí, es el gran voto colectivo de calidad, el deseo unánime, la mayoría eligiendo el semental que puede padrear en una vacada y, al fin y a la postre, marca el rumbo del toro que se desea para la Fiesta actual.
Más que nunca es el público quien ha de mandar sobre el toro y sobre el torero. En época de escasez, es quien ha de decidir sobre todos. Se decide qué va a ser del futuro, cómo ha de ser el futuro, qué toro y torero se desea para el futuro de una fiesta sana y creíble.
¿Y qué es la bravura? ¿Qué es un toro bravo?
A mi juicio, lo que se vio en Vista Alegre hace unos día. Un hermoso y orgulloso animal, de nombre Hechicero, pupilo de Justo Hernández. Un bravo toro, pronto, con embestida derecha, siempre para adelante, a más, galopando, no andando ni trotando. Que fue más allá de la cornada, tranquilo, reposado, seguro de su fuerza, de su poder, sin temores, sin bronquedad falsa. Aceptó la lucha y se entregó a su lidiador Perera sin vacilación alguna para realizar una obra cumbre, compacta, profunda, reunida, intensa, de un encaje notable, toreando a cámara lenta, arrastrando la muleta. Tuvo un final no merecido. Atípico para una típica y grandiosa labor del diestro extremeño cuando tiene un antagonista de tan buena condición.

Cantó el ganadero de Garcigrande y Domingo Hernández a las cámaras de televisión que a Hechicero lo ponía a padrear, que era toro de vacas. De los que llevan un cortijo en cada pitón. Se lo hubiera llevado a su finca salmantina si el criterio de el presidente de la plaza de toros de Bilbao, Don Matías González, no se lía. Y no se queda sin habla o fuerzas para decidir. Decidir algo que nunca ha hecho: indultar un toro. Y en el toreo, la soberanía, como en todo estado de lógica, reside en los públicos. Y en el epílogo de la faena, el respetable, emocionado, empezó a perdir el indulto clamorosamente apreciando también las grandes virtudes del toro. La bravura ha terminado siendo una misteriosa propiedad que sólo poseen los toros que mueren embistiendo. Y así es como murió Hechicero: sin ceder y atacando. Podríamos estar hablando de una bravura progresiva, para que el señor Matías se entere: el toro recargaba en las suertes y se creció en la muleta con una fuerza ciega sin el más leve atisbo de retroceso. Esta es mi humilde visión, pero ¿qué más se le debe pedir a un toro para que sea indultado?

Jaime Roch

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