La dignidad de Emilio de Justo

Emilio de Justo salió por la puerta grande de Las Ventas con un vestido verde esperanza y oro y con una pulsera de la bandera de Francia anudada a su muñeca izquierda. Precisamente, el diestro extremeño jamás perdió la esperanza para elevar el vuelo como torero tras once años de alternativa y tuvo a Francia como feudo para resurgir de la caótica intemperie del ostracismo.

La llama vital del diestro de Torrejoncillo (Cáceres) para resistir en el mundo del toro ha sido la confianza de creer en sí mismo tras demostrar esa entrega y esa pureza más absoluta frente a todo tipo de ganaderías. Su padre, que falleció días antes de su triunfo en Madrid, le acompañó en los momentos donde apenas toreaba y le ayudaba realizar la suerte suprema en el carro, esa práctica que encandiló a los aficionados más exigentes el domingo 30 de septiembre de 2018.

De Justo podía encabezar la lista definitiva de figuras que completa el bombo de solo diez ganaderías para San Isidro (de las 27 corridas prevista en el ciclo de Las Ventas), pero ha decidido desmarcarse y descararse tras apostar por Victorino Martín y Baltasar Ibán para volver a Madrid. El pundonor de Emilio de Justo es la virtud que tiene para expresar su valor y determinación tanto dentro como fuera del ruedo. El clasicismo y la verdad son las claves de su toreo, empapadas de fuentes como Manzanares, Joselito y Finito de Córdoba. La generosidad y el coraje de un hombre; la dignidad de un toreo.

Emilio de Justo durante el paseíllo de la tarde de su puerta grande en Las Ventas. Foto: Andrew Moore

De las 23 tardes de 2018, ¿con cuál se queda?

Ha habido festejos importantes como los de Nimes, Valladolid o la puerta grande de Las Ventas pero no me olvido de las sensaciones que sentí en la primera tarde de Mont de Marsan con “Peluquero”, un gran toro de La Quinta al que corté dos orejas. Su embestida me dejó disfrutar del toreo que siento. Ha sido el primer año que me he sentido respetado y valorado por los profesionales del mundo del toro y eso, por encima de todo, ha sido la verdadera recompensa a tanta lucha y dificultad.

 

¿Qué sabor tiene la puerta grande de Las Ventas?
Es preciosa porque tiene mucha pasión y creo que hay que ser torero para poder describirla. La tarde de Madrid fue muy especial porque hacía una semana que había fallecido mi padre y reaparecía de la cornada de Mont de Marsan. A lo mejor en otro momento no soy capaz de hacerlo pero mi cuerpo y mi mente me decían que tenía que torear y estoy orgulloso de haber homenajeado a mi padre con una cornada en Mont de Marsan y una puerta grande en Las Ventas. Mi carrera va a ser un constante homenaje a él.

 

¿Cuál fue el mejor consejo que le dio su padre?
Ha sido una persona que me ha aportado mucha experiencia sin ser un profesional del mundo taurino. Me acompañaba a torear de salón para sostenerme el carro porque me insistía muchísimo en la suerte suprema. Me decía que había que tener entrega y corazón a la hora de matar los toros y que esa era la clave para poder funcionar. Creo que no se equivocaba porque en Madrid lo demostré. Paco Camino, Paquirri y Uceda Leal son espejos para mí en la suerte suprema. Cuando salí a hombros de Madrid me acordé mucho de él y de toda la lucha que hemos trazado juntos.

 

¿Pensó en abandonar la profesión en los momentos duros?
Estos años atrás lo he pasado muy mal pero nunca he pensado en abandonar mi profesión porque ha sido la pasión de mi vida. He tenido muchas dudas durante mi carrera porque después de tantos años de sacrifico no veía la recompensa. Hay un poco de locura en esta profesión, de apostarlo todo a una carta porque si no, es imposible estar tanto años en el ostracismo y, luego, a los 35 años triunfar como me ha pasado a mí.

 

¿Cuál ha sido su motivación?
Me he refugiado en mi afición porque quería ser torero a toda costa. Estoy orgulloso de haber aprendido a sufrir gracias al toreo porque la moral se derrumbaba cuando la recompensa no llegaba después de tanta dedicación pero resistía porque notaba que cada vez iba madurando más como torero y, sobre todo, creía en mí.

 

¿Qué tarde marca un antes y un después en su carrera?
La encerrona con seis toros en Hervás donde demostré una buena dimensión a pesar de torear tan poco. Esa tarde me reconfortó y me dio la ilusión suficiente para poder afrontar grandes retos y, cuando entré en las plazas de primera, creo que así lo he podido mostrar.

 

Esa tarde lidió su primer toro de Victorino Martín.
Ese animal, de nombre “Milhojas”, recibió la vuelta al ruedo tras cortarle las dos orejas y fue fundamental en mi vida porque me llenó mucho de moral. Otro toro clave también fue “Vencedor”, de Victorino Martín en Mont de Marsan, al que le corté las dos orejas el 1 de octubre de 2016.

 

¿Qué ha significado la ganadería de la “A” coronada en su carrera?
La ganadería de Victorino Martín me ha hecho resurgir como torero. Los consejos que me ha dado su ganadero han sido clave en mi carrera porque siempre me ha empujado a luchar en el mundo del toro. Me decía que si era capaz de triunfar con fuerza en Francia, a la larga, también iba a tener la recompensa de torear en España. Me encantaría seguir unido a esta ganadería porque es mi predilecta.

 

¿Cómo es la embestida de un Victorino Martín?
Es única y muy especial porque es un tipo de encaste que un torero jamás termina de conocerlo por la cantidad de matices. Creo que es la mejor ganadería de todos los tiempos y triunfar con ella aporta categoría y credibilidad ante todo el mundo del toro. La clave para poder triunfar con ellos es la entrega y, cuando un torero es capaz de dar ese paso hacia delante, el toro también responde. Requiere buena colocación y agradece mucho la suavidad y el buen manejo de los vuelos.

 

¿En qué concepción del toreo profundiza?
Soy amante del toreo antiguo. Intento buscar la pureza, el clasicismo y la verdad en un tiempo donde se ha puesto de moda un toreo más lineal y efectista. El toreo clásico es como el perfume clásico, la ropa clásica o la música clásica, sus valores nunca se pierden y siempre están alza.

 

¿Cuáles son sus referentes?
Manzanares padre, Joselito y Finito de Córdoba han sido las tres fuentes importantes en mi vida. Lo grandeza que ha aportado Camarón al cante flamenco, Manzanares también se la ha aportado al toreo. Creo que no ha habido un torero capaz de transmitir sensaciones de tanta pasión, torería y magia. Tuvo la suerte de hablar con él y de brindarle un novillo en un festival de Coria. Las faenas que más admiro de Manzanares son la del toro de Gabriel Rojas en Málaga o la del toro de Sepúlveda en Salamanca.

 

¿Y de Joselito y Finito de Córdoba?
De Joselito admiro esa personalidad y ese clasicismo tan serio; verlo en la calle es ver a un torero y eso me cautiva mucho. Me quedo con una faena que realizó en Santander, vestido de verde botella y oro, donde hubo mucha profundidad. Me he fijado en la mano izquierda de Finito de Córdoba, creo que ha sido una de las mejores en los últimos 20 años, y en su colocación. Su faena en Sevilla al toro “Opíparo”, de Juan Pedro Domeq, al que cortó las dos orejas, fue brillante tanto con el capote y la muleta.

De Justo acudió elegante y sincero al encuentro entre aficionados en Llíria (Valencia).

Jaime Roch

(Entrevista publicada en el periódico EL ROTATIVO en la edición de papel de diciembre de 2018, Valencia)
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