La elevación del toreo a lo sublime

juliHoy ha fluido el arte con mayúsculas, hemos tenido la oportunidad de observar el esplendor del toreo eterno. Cuatro conceptos profundos, cuatro formas distintas de interpretar el toreo pero un mismo palo: el clásico, el del arte.

Vivimos un grandioso espectáculo en la plaza el día grande de Fallas. Hubo orejas pero por encima de ellas, toreo, mucho toreo, del que la historia guardará muy bien. Echamos de menos a Enrique Ponce, herido ayer y al que sustituyó Finito de Córdoba. Completaban la corrida monstruo o fartà –como dicen en Valencia-, El Juli, Morante de la Puebla y Josemari Manzanares. Se degustó el toreo en estado puro. La emoción se desbordó.

El Juli cortó dos orejas de su primero, el tercero de la tarde, refrendando de nuevo el triunfo de ayer. Lo que diferencia a las figuras del resto es el poder refrendar cada tarde los triunfos. El madrileño hilvanó una labor llena de ligazón además de su tan habitual profundidad y largura. Acabó gobernando la embestida del animal y remató la faena con circulares de mano baja y una estocada hasta la bola que dejó al cornúpeta sin puntilla. Rayó su toreo a la perfección. Es ahí donde empezó a nevar en la plaza. El séptimo no le ayudó y no pudo redondear la magnífica tarde – y feria-.

Morante de la Puebla paró el tiempo con el capote. No había visto torear con el percal tan despacio y tan hondo. Fue la elevación del toreo a lo sublime. Aquello estaba al rojo vivo y la afición rugía. Una barbaridad. Nos hizo soñar, fluyó el toreo en clave mayor surgido desde lo mas profundo del alma. Fue en el sexto de la tarde, donde también El Juli participó quitando muy encajado a la verónica y también el de La Puebla por tafalleras para el recuerdo en su réplica. El sevillano muleteó con torería y belleza, esculpiendo una escultura arquitectónica en cada pasaje. Pinchó posiblemente la faena de la feria, pero ahí queda eso, una labor que da más vida al toreo. Antes, en el segundo de la tarde, dibujó excelsas verónicas. Una borrachera de arte.

moro vero

Finito de Córdoba también quiso formar parte de la fiesta. Cortó una oreja del quinto, llevando por bandera el relajo, la naturalidad y la torería. Plasmó muletazos por ambos pitones atesorados de temple y despaciosidad. Por la derecha hubo largura y por la izquierda profundidad. Resaltaron también los cambios de mano marca de la casa. Mató de una estocada entera y el presidente le concedió un apéndice. Con el que rompió plaza no tuvo opción y la gente le pitó por tardar en pasaportarlo.

José María Manzanares paseó un apéndice del cuarto de la tarde, un toro con transmisión al que el alicantino le hilvanó una faena plena de ligazón, clase y gustó cimentada en el pitón derecho. Puso como broche de oro una estocada rotunda. El público le pidió con fuerza las dos orejas pero el presidente sólo le concedió una. En su segundo, la espada le borró la Puerta Grande.

Valencia. Miércoles 19 de marzo. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande (1º, 4º y 7º), desiguales de presentación y juego. Manso el 1º, apagado el 2º, deslucido el 7º y de buen juego con distintos grados el resto. Finito de Córdoba, que sustituía a Enrique Ponce: Pitos tras dos avisos y oreja; Morante de la Puebla: Silencio y ovación con saludos tras aviso; El Juli: Dos orejas y ovación con saludos; José María Manzanares: Oreja con petición de la segunda y palmas de despedida. Entrada: Lleno de “No hay billetes”. Saludó Curro Javier en el 8º.

Jaime Roch

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