Los orígenes de Pablo Aguado

El torero francés Luisito y la ganadera sevillana Aurora Algarra fueron fundamentales en los inicios del espada sevillano.

Pablo Aguado deslumbró en La Maestranza y conmovió al mundo del toro un 10 de mayo de 2019. A partir de ese momento, con cuatro orejas en el esportón frente a toros de Jandilla con Morante de la Puebla y Roca Rey en el cartel en plena Feria de Abril, el marchamo del toreo adoptó el rumbo del clasicismo.

Pero todo empezó en 2011, cuando una hija de la ganadera sevillana Aurora Algarra llevó a un amigo llamado Pablo Aguado a los tentaderos de la finca familiar «La Capitana». Este joven tuvo que hacer tapia año tras año, como todos los que se abren paso en este espinoso mundo, hasta que la criadora de bravo se enamoró de su concepto por «la forma de templar y torear despacio» y fue ella misma quien le acabó avisando de los tentaderos para que siguiera evolucionado.

Dos años más tarde, cuando los socios de la empresa de la plaza de toros de Soria en aquel tiempo, Vicente Caparrós y Manolo Amores, fueron a ver la camada de Algarra, Aurora les pidió el favor de que pusieran a Aguado en la novillada matinal sin caballos de la Feria de San Juan y, cuando accedieron, también llamó al matador de toros francés, Ludovic Lelong «Luisito», para que ayudara a este joven que soñaba con ser torero: «Mi compromiso con ellos fue preparar a Pablo para su debut sin caballos», explica Luisito a Levante-EMV.

En el horizonte de ese 2013 estaba la fecha que suponía el debut en público del joven sevillano un 28 de junio y, en febrero, «Luisito», un enamorado de la nostalgia taurina por la pericia y la pasión que le ha llevado a formar «técnicamente» a dos de los últimos toreros clásicos que han irrumpido en el panorama taurino como el propio Aguado y Emilio de Justo, llamó al joven sevillano para que se fuera a vivir a su casa porque tenía una intuición certera de lo que en el toreo es válido o descartable: «Buscábamos torear bien, que es, en definitiva, suficiente para emocionar porque eso incluye torear despacio, enganchar con los vuelos y acariciar la embestida. ¿Quién torea bien? Aguado, Urdiales o Talavante». Otra virtud que marca la diferencia en el toreo de Aguado es la profundidad: «Para mí, la profundidad es ralentizar la embestida con un cierto recorrido pero no hace falta retorcer el cuerpo para desarrollarla», apunta el espada francés.

«Buscábamos torear bien, que es, en definitiva, suficiente para emocionar porque eso incluye torear despacio, enganchar con los vuelos y acariciar la embestida. ¿Quién torea bien? Aguado, Urdiales o Talavante».

 

Durante esa época, antes de su debut, entrenaban juntos en la plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda a «marchas forzadas porque el compromiso era inminente». Al «tutor» taurino del espada sevillano le llamó la atención su evolución como torero: «Mejoraba en sus capacidades técnicas porque partíamos de cero pero, sobre todo, me encariñé muy pronto de él porque Pablo es una gran persona». El torero francés le insistía en conceptos básicos: la colocación, los desplazamientos delante de la cara del toro, los toques para citar al animal o simplemente cómo ser capaz de ligar una serie pero Aguado ya tenía un concepto clásico: «Cuando daba un muletazo bueno era extraordinario porque tenía encaje, expresión y embroque. Podían faltar muchos maticen antes y después del pase pero cuando lo reunía todo marcaba la diferencia».

Después de torear en Soria, ataviado con un viejo caña y oro, donde cortó cuatro orejas y un rabo, se fue a Francia para torear cuatro festejos más entre bolsines y novilladas sin picadores. «Empezó a triunfar y me encontré enganchado a una situación que no había buscado pero, durante ese tiempo, no se me puede calificar como apoderado porque Pablo no había debutado con picadores, solo le estaba ayudando porque él respondía bien», aclara el torero francés.

Aguado seguía al lado de Luisito y también avanzaba en la Universidad Hispalense de Sevilla en Administración y Dirección de Empresas, donde se graduó en 2014. Ludovic Lelong cuenta que el espada sevillano pasó de jugar al toro como aficionado práctico a una disciplina física y mental como profesional: «Siempre intentábamos mejorar la técnica con más de tres horas diarias de toreo de salón y muchos tentaderos».

En 2014, Aguado toreó más de treinta novilladas sin picadores y se alzó como triunfador del certamen de novilladas sin picadores de La Maestranza. A principios de la temporada 2015 debutó como novillero con picadores en Olivenza, año en el que dio por finalizado de manera «amistosa» su apoderamiento con Luisito. Tras dos temporadas como novillero, Aguado tomó la alternativa en la Feria de San Miguel en Sevilla con Ponce y Talavante. En 2018 cortó una oreja en la Feria de Abril tras una buena faena a un Torrestrella y, a final de año, confirmó su alternativa en Las Ventas, plaza en la que también paseó una apéndice.

Y llegó 2019. Sevilla y Madrid marcaron la diferencia, pero València, Huelva o San Sebastián también le vieron triunfar. Aguado aseguró a sus más allegados que solo tiene una imagen cuando salió por la Puerta del Príncipe: las lágrimas de las personas que más confiaron en él durante sus inicios. Y ya se lo dijo Aurora Algarra cuatro días antes de su compromiso en la Feria de Abril después de que toreara un toro a puerta cerrada en «La Capitana»: «Vas a salir por la Puerta del Príncipe con cuatro orejas». Y así fue. Se obró la magia del toreo.

Jaime Roch

(Reportaje publicada en el periódico LEVANTE-EMV en la edición de papel de 24.11.2019, Valencia)