Luis Algarra, emblema de clase

La ganadería sevillana podría volver a lidiar en las principales ferias francesas como Nimes o Saint-Gilles en 2019 y estará en la Feria de Julio de Valencia después de llevarse los premios durante tres años consecutivos. La propietaria prefiere el ciclo en honor a san Jaime por “el buen bajío” antes que la Feria de Fallas, fecha donde la empresa les ofreció lidiar, con el objetivo de realizar una tarde bonita con la actuación de un reaparecido Paco Ureña

El prototipo del toro de Algarra. Serio, majestuoso y equilibrado. Foto: Javier Comos.

La divisa de Luis Algarra Polera es una ganadería señera del campo bravo. Legado de tradición. Uno de los manjares más cotizados. En la finca “La Capitana”, hábitat idóneo para la buena crianza -situado en la serranía sevillana de Almadén de la Plata- pastan las reses de una vacada forjada a través del tiempo. La arboleda de encinas, robles y arbustos conforman una incomparable riqueza ecológica. Los años han macerado el trabajo de Luis Algarra Polera, hombre preclaro y cabal, padre de seis hijas y un hijo que constituyen una fuente inagotable de afición, trabajo y fuerza para seguir y mantener el prestigioso nombre de la ganadería en el sitio donde el fundador la dejó. Los toros con el hierro de Algarra llegaron desde las marismeñas tierras de Villamanrique a la reserva de bravo Dehesa la Capitana en 1988, donde Luis Algarra convirtió su ganadería en un foco de fidelidad al encaste Domecq.

Con un concepto educacional enfocado a la crianza del toro bravo, la familia Algarra, con Aurora Algarra Crehuet a la cabeza, dirige las riendas de una divisa que camina bajo la sombra de la defensa de una tradición y un toro guiado por su clase y su ritmo. La clase en un toro es la reunión de virtudes como la bravura, humillación o transmisión. El ritmo es la forma de embestir, es decir, la velocidad que lleva el toro cuando mete la cara abajo y coge la muleta, por eso, el ritmo va ligado con la bravura”, destaca Aurora, que nos espera con su Land Rover para ir a contemplar los toros que cría y recoger una punta de vacas con sus becerros para llevarlos a los corrales. Por cierto, bien criados como puede atestiguar el objetivo del fotógrafo Javier Comos, que sacaba su valor torero para bajar del todoterreno y tomar las instantáneas que ilustran este reportaje. Mañana de campo con la irresistible magia de su melodía. Jornada de trabajo con estampas únicas y exclusivas. De esas que se almacenan en el museo de la memoria y con las que los ensordecidos y menesterosos ecologistas que no han salido de la estruendosa urbe comercial se quedarían fascinados.

Todo empieza con los caballos toreros y sus vaqueros dominadores, con el mayoral José Antonio al mando, espoleando a las vacas madres, de considerable arboladura, negras, mulatas, bragadas o berrendas, con aspecto de toro y sus hijos becerros, con la bravura por descubrir, por la ancha manga, camino de la revisión. Corren las vacas junto a sus pupilos con tranco ágil hasta encontrar los descansaderos. Trabajo arduo el de sujetar y mandar sobre el bravo animal en el momento del destete. Encariñados los hijos con las madres que, después de la jornada, las madres seguirán siendo felices madres y los hijos, ya solos, proyectos de toros bravos.

En la ganadería sevillana de Algarra se rinde homenaje día tras día a una tradición, a un legado ganadero de primer orden y a una manera de entender la crianza del ganado bravo. Luis Algarra Polera fue quien imprimió las virtudes y la afición a todos sus hijos. Una manera, un estilo, un empeño y un amor hacia los animales que hace en esta casa, lo primero y lo esencial, sea el toro: Queremos que el animal que criamos vaya de menos a más, desarrollando las virtudes de bravo durante la lidia y teniendo que terminar embistiendo mejor de lo que ha empezado. Su embestida debe ser por abajo, metiendo el hocico con codicia, desplazándose lejos con profundidad, transmitiendo y, además, cumplir en el tercio de varas”.

Las vacas y sus becerros entrando a los corrales. Foto: Javier Comos.

Muchos toreros llevan el nombre de Luis Algarra unido a los laureles de su carrera. De ello también da fe la montaña de galardones que se exponen en la casa de la finca familiar, convertida en museo. “A todos los ganaderos nos gusta que nuestros toros los toreen las figuras porque es obvio que les sacan todo el partido posible”, relata la ganadera antes de adentrarnos en los ejes sobre los que pivota los éxitos de esta divisa: “A Joselito le hizo torero la ganadería de mi padre, ha llegado a matar camadas enteras de la casa”. Destaca la ganadera con orgullo y realza con satisfacción que “lo más difícil es tener la bravura con clase y ritmo. Esa es mi fórmula. En octubre de 2013 lidié un toro en Jaén que reunía todo lo que yo estoy buscando. “Impresnado” tuvo por nombre y lo toreó José Carlos Venegas. Fue un gran animal premiado con la vuelta al ruedo y al que no le concedieron el indulto tras pedírselo con fuerza. No se me quita de la cabeza su embestida porque a la hora de entrar a matar todavía podía aguantar otra faena más y esa duración y entrega es lo que busco en mis toros”. La ganadera lo relata emocionada y, a pesar de los muchos indultos que ha cosechado la ganadería, le preguntamos por el perdón de la vida a los animales bravos en el ruedo: “El indulto se le debe conceder a los toros excepcionales, a los mejores y no lo considero un triunfo más. El caballo es fundamental para decidirlo, es el termómetro de la bravura. Los toros, para indultarse, tienen que ir de menos a más, sin parar de embestir por abajo y humillando”.

La ganadera matiza que su proceso de selección en la tienta es muy exigente: “Las becerras tienen que ir al caballo en una media de seis o siete puyazos y deben de ser una máquina de embestir en la muleta, es decir, que no se cansen embistiendo”. La propietaria afirma que la importancia de un toro actual “reside en la suerte de muleta”, donde dice que está la carga de la fiesta “porque es la obra de arte más pura que existe, es un conjunto de todo, donde podemos apreciar las virtudes y defectos de los animales. En la muleta creo que es donde verdaderamente el toro hace el esfuerzo, es donde marcan su fondo. ¿Para qué sirve un toro al que le dan tres puyazos sangrando y no tiene ni un pase en la muleta? Es verdad que la bravura hay que medirla en el caballo pero, hoy por hoy, se están viendo toros muy importantes en la muleta porque van a más sin parar y se crecen a pesar de que en la suerte de varas hayan dado un juego discreto”, asegura.

Las madres con el hierro de Algarra pasean por la Capitana. Foto: Javier Comos

Aurora admite que una de las cosas que más le preocupa en el comportamiento de los animales que cría es que mantengan una línea de juego acorde con la procedencia. Esta es sangre pura de Juan Pedro Domecq y Díez, con la procedencia de Conde de la Corte y Tamarón. Importante tronco ganadero: Luis Algarra es madre de otras muchas ganaderías por su clase. La clase del toro de Algarra es única porque la creó mi padre, además, de que cuesta mucho trabajo encontrarla”, relata Aurora Algarra, representante de la ganadería familiar. La familia más importante es la del toro “Desirón”, nº7, padre de la ganadería. Los ganaderos me quieren comprar descendientes este toro, que también son sementales de la ganadería como “Alagador” y “Donosillo”. Hay otro semental estupendo como “Azucarero”, nº49 y “Exótico”, nº9, indultado por Javier Conde en 2005 que ya está viejo”.

En Valencia ha lidiado sus mejores toros en los últimos tres años. “Tengo buen bajío en la Feria de Julio y ahora hay una responsabilidad muy alta porque el nivel de toros que han embestido es muy bueno”, recuerda. El idilio surgió en 2016 con “Fusilero”, número 28, un sobrero de Algarra que desorejó Román incluido en la corrida de Cuadri. El animal, premiado con la vuelta al ruedo, era hijo de “Generoso”, número 56, indultado en la plaza sevillana de Morón de la Frontera por Finito de Córdoba, y de la vaca “Fusilera” y ya había estado de suplente en el coso de la Malagueta: “Fue un toro que tuvo profundidad, transmisión y ritmo en la muleta. No lo pude ver en vivo y en directo pero me emocionaba con los videos que mandaban los aficionados durante la faena de Román. Fue buen toro pero me hubiera gustado que hubiera cumplido más en el tercio de varas”. Aurora explica que la corrida de la feria de 2018 fue “un conjunto de clase y de casta. Me gustaron todos los toros menos el segundo de Román”. “Malospelos”, con el honor de ser el mejor toro de esa feria, es hijo de “Alagador”, número 93, con 14 años y de la vaca “Malospelos”, número 351, “dos familias muy encastadas. Fue un toro que fue de menos a más y en la muleta tuvo la virtud de la prontitud y la duración con una embestida encastada y muy exigente. Ureña fue haciendo al animal poco a poco porque tenía esa ansia de embestir y lo cuajó. No le cogí muestras de semen al toro porque exijo mucho más. Mi animal soñado es la clase de “Fusilero” con esa forma de coger la muleta con el cuello adelantado y la bravura de “Malospelos”, aclara. En ese sentido, Paco Ureña explica sobre “Malospelos”, número 28, de 555 kilos, de Luis Algarra: “Fue muy bravo, tenía importancia porque su embestida pesaba en la muleta. Por el pitón izquierdo tuvo transmisión y, por el derecho, se vencía hacia dentro pero tenía buena condición. Fue un toro que marcó mi carrera y me he quedado su cabeza disecada”, relata el torero murciano. A la pregunta de con qué tarde se queda de la Feria de Julio, Ureña responde: Tanto la del año pasado como la de este año. El año pasado demostré una forma de torear que llevaba tiempo madurando y este año se ha podido ver mi versión más artística”, concluye.  

Paco Ureña en la plaza de toros de Valencia frente a un toro de Algarra en 2017.

Volvamos al campo, el laboratorio de los Algarra. “Mi padre fue un hombre ejemplar, un modelo y un espejo como persona, un sabio. Tenía una afición desmedida para todo tipo de animales, era un gran apasionado del toro” recuerda con especial cariño la ganadera a su padre. Luis Algarra está considerado como uno de los ganaderos más importantes del campo sevillano porque tuvo la virtud de personalizar la ganadería. Intento continuar en la búsqueda del toro que inició mi padre pero hay que tener en cuenta que en una ganadería siempre se refleja la personalidad del ganadero. Yo soy más temperamental, por eso, me gusta que tenga un poco de picante mi toro, más carbón, incluso darle más trapío y consistencia”, revela. Al ganadero hay que mimarlo y respetarlo porque el toro es la base de todo. A fecha de hoy muchos ganaderos están aguantando con muchas dificultades y eso es un grave problema para el campo bravo”.

En el transcurso de la mañana, observamos como el toro bravo no es el único inquilino de la Dehesa La Capitana, pero sí percibimos que es el rey. Majestuoso, soberano, amo y señor del campo bravo: Nadie posee el ecosistema en el que vive el toro bravo, mantiene la fauna y la flora de la dehesa. Además, es el único animal con la capacidad de luchar pudiendo ganarse la vida. Le enseñaría mi casa a toda la gente que no cree en el toreo y lo critica, sobre todo, a esos políticos que quieren emerger en la democracia sin hacer práctica de ella”, sentencia la ganadera.

“Hoy torean mejor que nunca porque los toros embisten mejor que nunca”, revela la ganadera, quien busca la característica de la bravura hasta el final. La calidad es la base sobre la que cimenta Aurora Alagarra su ganadería. “Conseguir una alta regularidad, quisiera tener un porcentaje mucho mayor de toros y novillos extraordinarios. Lo que me encanta es la excelencia y esa es la que busco día tras día”, concluye. Hablar de la ganadería Luis Algarra es hablar, en definitiva, de bravura.

Jaime Roch

(Reportaje publicado en el primer número de la revista digital LA LIDIA, Valencia)