Miguel Hernández, una vida marcada por el toro

El alicantino viajó a ganaderías para profundizar en sus conocimientos

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años de la muerte del intelectual oriolano en la cárcel de Alicante cuya escritura permite relacionar el mundo del toro con otros temas como su idea de España, su visión política y cultural. Hernández se hizo así mismo en la clandestinidad porque su padre no veía con buenos ojos su afición por la letras. Luis Francisco Esplá afirma que Cossío y otros ganaderos de bravo salvaron la vida del poeta.

Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela y perteneció al Generación del 27, un conjunto de autores que se agruparon a raíz de un acto cultural celebrado en el Ateneo de Sevilla para homenajear a Luis de Góngora durante el tercer centenario de su muerte, con la colaboración económica del torero Ignacio Sánchez Mejías que pagó el viaje a muchos de los poetas y los reunió en su finca de Pino Montano. El padre de Hernández concluyó la escolarización de su hijo prematuramente y su formación fue autodidacta por completo. El gran poeta se gestó vigilando rebaños de cabras y su afición a los toros fue expresada con emoción transparente y sentida con la máxima hondura. Luis Francisco Esplá, matador de toros y pintor, afirma a Levante EMV que “Miguel Hernández hubiese sido torista porque es el poeta que mejor define al toro, sobre todo, con ese sentido estético que busca las esencias”. Uno de los intelectuales más sugerentes de la historia se inspiró en el toro para componer gran parte de su obra, tema que nunca abandonó como sí ocurrió con el catolicismo influenciado por Ramón Sijé al que dedicó “Elegía”, uno de los poemas más bellos de la literatura española. Para el diestro alicantino, las claves del dramaturgo “son la inocencia y la ingenuidad porque rompe con una corriente clásica de la poesía”.

Tras un desafortunado primer viaje a Madrid, Hernández volvió a la capital con el auto sacramental “Quien te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras” y José Bergamín, director de la revista Cruz y Raya, publicó la obra unos meses después. En una tertulia del mencionado semanario conoce a José María de Cossío y en 1935 empezó a trabajar en la elaboración de la monumental enciclopedia “Los toros”. El alicantino no acudía con frecuencia a los cosos taurinos porque, además de que no se daban muchos festejos en Orihuela, su economía tampoco se lo permitía pero sí tuvo más contacto con el toro bravo en su hábitat natural donde recopilaba datos para la publicación de Cossío, además de redactar biografías de importantes toreros. Esplá manifiesta que trabajar en la enciclopedia taurina “le dio un conocimiento de aficionado desde la élite ya que en sus obras deja de lado lo popular y lo folclórico de la fiesta taurina”.

En su primer libro, “Perito en Luna”, encontramos dos octavas con temática íntegramente taurina: “Toro” y “Torero”. Por otro lado, también podemos ver en “Citación-fatal” que dedica una elegía a Ignacio Sánchez Mejías unos días después de su muerte en la plaza de Manzanares. Solo cuando golpea la desgracia -murió su primer hijo a los diez meses de vida-, las personas pueden llegar a comprender cuán difícil es dominar los propios sentimientos y en Orihuela, el polivalente poeta, durante los meses de verano y de otoño de 1934, escribió “El torero más valiente”, una obra de teatro inspirada en el torero sevillano donde desarrolla la tesis del valor como superación de los miedos.

Al escritor alicantino se le condenó a muerte pero Cossío, uno de sus más fieles amigos, junto a “ganaderos importantes” -según Esplá- conmutaron la pena por otra de treinta años de prisión al conseguir que Sánchez Mazas cambiara de opinión a Franco. Hernández, que murió de tuberculosis con tan solo treinta y una primaveras en Alicante el 28 de marzo de 1942, pudo ser liberado mientras estaba en la cárcel de Ocaña si se retractaba de sus teorías gracias a Cossío pero rechazó el indulto por su firmeza ideológica. La Guerra Civil rompió los lazos de la cultura entre los escritores y destrozó los sueños forjados por un grupo irrepetible, del que uno de sus mayores exponentes es, sin duda, Miguel Hernández. Respeto y sensibilidad se aúnan en el pensamiento del oriolano porque sobre todo, con relación al toreo, pensar era sentir.

Jaime Roch

(Artículo publicado en el periódico LEVANTE-EMV en la edición de papel de 09.04.2017, Valencia)

Anuncios