Paco Camino: “Al toreo actual le falta emoción y seriedad”

El histórico diestro sevillano revela su opinión sobre el estado actual de la fiesta de los toros y enseña el camino al futuro para recuperar la esencia

Francisco Camino Sánchez, Paco Camino en los carteles, se muestra abrumado y reflexivo a sus 77 años por la repetida propensión al retroceso en el mundo del toro. La desilusión del diestro sevillano es proporcional al tamaño de la esperanza depositada en que “salga un joven que remueva al escalafón”. Doce puertas grandes en Las Ventas, treinta cornadas y un cuarto de siglo en activo avalan sus palabras. La estética de la ausencia de esfuerzo en la clásica tauromaquia del Niño Sabio de Camas revela una enorme impresión de maestría. Como la convulsión que aporta un buen poema, al toreo de hoy en día le hace falta la visión, la valentía y la buena fe de Camino. Un torero en paz con sus ideas.

 

Paco Camino durante la entrevista en un céntrico hotel de Valencia. Foto: Pascual Roch

¿El toreo ha evolucionado?
Sí, actualmente se torea más en línea recta y se busca menos la hondura, es decir, pocos toreros llevan al toro detrás de la cadera. Hoy en día se torea muy bonito pero falta emoción y seriedad durante la faena y la afición en una plaza de toros debe de estar en vilo, al grito.

 

¿Por qué falta emoción?
Por culpa del toro y el torero. La emoción es la trasmisión de la tragedia y el público debe de ir a la plaza pensando: “Dios quiera que no pase nada”. Eso, ahora, no ocurre.

 

¿Cómo es el toro actual?
El toro que sale por chiqueros es igual todas las tardes hasta tal punto de que el torero marcha del hotel con la faena premeditada. En mi época, salían animales más diferentes y había que pensar delante ellos.

 

¿Dónde reside el problema?
Los ganaderos hacen un toro muy bueno para el torero. Creo que llegará un momento en el que la gente se aburra porque el toro ha perdido fiereza y ha ganado en docilidad. Antes, el que salía bravo recibía tres puyazos y embestía con más fuerza; ahora, con un solo puyazo se caen. Además, las figuras actuales no matan las ganaderías que matábamos antes y no salen de esas cuatro divisas predilectas. La fiesta necesita que se refresque y que salga un joven que remueva al escalafón.

 

¿Usted cómo definiría la bravura?
Es el equilibrio entre la fiereza y la nobleza. Es el toro que va al caballo tres o cuatro veces con alegría y no se cae en la muleta. Actualmente, hay un exceso de nobleza bobalicona que es sinónimo de suavidad. Antes, llamabas al toro una vez y se arrancaba cinco veces; ahora, lo llamas cinco veces y se arranca una vez. La prueba está en que los toreros de hoy en día dicen que disfrutan delante del toro, algo que nunca me ha pasado a mí. Lo que sí que he dicho, a pesar de tener mucho miedo, es: “Qué bien he estado hoy”.

 

¿La gente se aburre en los toros?
Lo peor que le puede pasar a un espectáculo es que aburra y el toreo lo está sufriendo aunque creo que no se va a acabar nunca. Van a salir chavales que muevan masas y manden en la fiesta. Hoy en día, salimos de la plaza y no nos acordamos de ninguna faena porque muy pocos toreros dejan huella. Por ejemplo, confío en gente joven como Roca Rey o José Garrido aunque llevan dos días en el mundo del toro y ya son figuras, algo sorprendente.

 

En las ganaderías hay un exceso de nobleza bobalicona que es sinónimo de suavidad. Antes, llamabas al toro una vez y se arrancaba cinco veces; ahora, lo llamas cinco veces y se arranca una vez

¿Qué matices de los toreros actuales escogería para formar uno revolucionario?
Un torero es importante por su concepto, no por características sueltas. Aunque a los diestros de hoy en día les falta estilo propio, elegiría la elegancia de Manzanares, el arte de Morante, la capacidad y el sentido de la lidia de Ponce y el valor de José Tomás. Solo Belmonte, Manolete, El Cordobés, Paco Ojeda y José Tomás son los auténticos revolucionarios del toreo.

 

¿Qué cualidades debe reunir un torero?
Tiene que agrupar valor, ambición y ganas para que no le ganen la pelea los compañeros. Siempre hay que creerse el mejor e intentar arrollar en el ruedo. Actualmente, no hay un torero de masas que mande y me da pena que los toreros se besen en el patio de cuadrillas, algo que nunca he hecho. Antes del festejo, no nos cruzábamos las miradas entre los compañeros y cuando las figuras llegaban a la plaza, ni nos saludaban.

 

¿Ha tenido referentes?
No, porque si te fijas en uno lo copias. Eso ocurre actualmente, la mayoría de los toreros son iguales. Además, no me gustan las escuelas taurinas porque a los chavales no se les puede quitar el estilo propio. La técnica no está reñida con la personalidad pero los toreros deben de tener una técnica personalmente propia. Creo que la técnica no se enseña en la escuela sino que se aprende toreando.

 

Paco Camino sale a hombros junto a Antonio Ordóñez en Valencia. Foto: Archivo.

¿Cuál es el torero que más le ha gustado?

Antonio Ordóñez por la su espléndida elegancia y su profundidad inigualable. Es uno de los manantiales más importantes del clasicismo de los últimos años. Rafael Ortega o Julio Aparicio también andaban muy bien con los toros.

 

Antes ha mencionado a José Tomás. ¿Qué me dice de él?
Es un torero que manda pero torea muy poco. Sí que reúne las virtudes para ser líder en la fiesta porque tiene una personalidad asombrosa y donde sitúa él su cuerpo, otros toreros ponen la muleta. Es muy puro, hondo y verdadero. La pureza tiene como consecuencia la hondura y la profundidad y eso, actualmente, se ve muy poco.

 

¿Cuál es vuestra relación?
José Tomás y yo nos llevamos muy bien porque somos igual de neutrales y no hablamos mucho. Nos llamamos de vez en cuando aunque no le pongo en el compromiso de que me diga si va a torear y también le invito a mi casa para que tiente becerras. Creo que nuestra relación se afianza a raíz de que ambos devolviéramos la Medalla de Oro de las Bellas Artes cuando esta se le concedió a Francisco Rivera Ordóñez.

 

¿Cómo se practica la suerte suprema hoy en día?
Ahora pegan “trapazos” para entrar a matar y pierden la muleta, algo que no es nada ético. Hacer la suerte suprema bien es difícil porque son muchos movientos a la vez. Solo hay que pensar: “Con mi boca voy a dar con el morrillo del toro” y para eso hay que tener mucho valor. Rafael Ortega ha sido el mejor torero que he visto interpretar la suerte suprema porque lo hacía con una pureza extraordinaria y muy despacio.

 

Foto: Pascual Roch

Jaime Roch

(Entrevista publicada en el periódico EL ROTATIVO en la edición de papel de diciembre de 2017, Valencia)
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