“El sueño” de Vicente Barrera cumple 25 años

El espada valenciano, licenciado en Derecho antes de tomarla alternativa, recuerda las tardes más importantes de su vida profesional y asegura que su vocación «siempre fue ser torero». El ciclo en honor a San Jaime de 1994 ofreció siete corridas de toros, dos novilladas picadas, una becerrada y un festejo de rejones y tuvo los dobletes en los carteles de Enrique Ponce, los días 27 y 28, y de Vicente Barrera, los días 25 y 29. En su primer compromiso, Barrera tomó la alternativa con el maestro Curro Romero como padrino y Miguel Báez Spínola, «El Litri», como testigo de la ceremonia.

Momento de la ceremonia de la alternativa de Vicente Barrera. Foto: archivo.

“La tarde de mi alternativa cumplí el sueño de mi vida en un cartel de máxima categoría”, asegura Vicente Barrera y su sueño no era otro que ser torero. Un lunes 25 de julio de 1994, en la quinta corrida del abono, el espada valenciano se doctoró en tauromaquia con un terno coral y oro, un vestido escogido por su madre Ester Simó.

Esa tarde, soleada y ventosa con un encierro de justa presencia y escasa fuerza según las crónicas, Curro Romero, histórico maestro sevillano que también cumplió 60 años de alternativa la pasada Feria de Fallas, cedió la muerte del toro “Ratón”, de la ganadería de Moura, sardo de capa, marcado con el número 77, de 472 kilos y nacido en julio de 1990.

Un simple apretón de manos, rebosante de torería y sinceridad, puso final a un largo parlamento que atestiguó El Litri: “Curro estuvo muy cariñoso conmigo toda la tarde y, en el intercambio de trastos, me dijo que tuviera mucha suerte y que aprovechara esa personalidad que meses antes me había servido para salir por la Puerta del Príncipe”.

“Recuerdo que me mentalicé mucho para el día de la alternativa pero cuando llegué al patio de cuadrillas sentí vértigo y, por encima de todo, orgullo de estar al lado de un torero como Curro Romero”, explica el diestro valenciano que, ese día, saludó desde el tercio con el toro de la ceremonia y cortó una oreja después de un aviso al sobrero de Alcurrucén que cerró plaza. El maestro Curro, a pesar de escuchar pitos en su primero, se entretuvo en dejar una media infinita para el recuerdo y Litri cortó otra oreja.

En la Feria de Fallas de ese 1994, Barrera actuó como novillero con picadores en un festejo mixto junto a los rejoneadores Luis y Álvaro Domecq y el maestro Curro Romero ideado por los hermanos Lozano, apoderados del coletudo valenciano: “La tarde de ese festejo mixto se vieron retazos de lo que fue Curro Romero y la afición valenciana se volcó con él. Con un par de series, los valencianos vimos esos muletazos que hicieron grande como artista al Faraón de Camas”.

Antes de la alternativa, Barrera tenía 26 años, ya se había licenciado en Derecho entre la CEU-UCH y la Universitat de València y traía un nombre de un torero de leyenda: “Estudié Derecho pero mi ilusión siempre fue ser torero y decidí no ejercer la abogacía para conseguirlo. Si volviera a nacer, volvería a entregar mi vida al mundo del toro. Creo que mi gran éxito no fue conseguir ser torero si no tener la capacidad de intentarlo. Mis padres no me inculcaron la tradición taurina pero sí que creo que pudo haber una fuerza genética a pesar de no conocer a mi abuelo”, recuerda el nieto de Vicente Barrera Cambra, un espada que vivió la época de Juan Belmonte y compitió con toreros de la talla de Domingo Ortega, Marcial Lalanda, Félix Rodríguez o El Estudiante.

Barrera rememora las tardes más especiales de su carrera como si hurgáramos en las ruinas del miedo: “Mi mejor actuación en València fue en la Feria de Julio de 2006 junto a Esplá y Tomás Sánchez en la que corté dos orejas a un toro muy serio de Santiago Domecq. Recuerdo que lo cuajé desde el inicio con el capote y la muleta y hubo mucha emoción y poder porque le di distancia y lo cité de lejos. Mi carrera ya había despegado pero necesitaba ese triunfo para mantener el crédito de la afición valenciana”. Otro triunfo que saborea a día de hoy entre tantas tardes de gloria fue aquella mañana del 20 de marzo del 93, fecha en la que Vicente Barrera debutó como novillero en la capital valenciana con una actuación que destapó su estilo personal: “Ese día ratifiqué mi vocación frente a aquel novillo de Jandilla y despejé cualquier duda que podía haber levantado mi decisión de ser torero”.

Las tardes al lado de Enrique Ponce también las recuerda con especial cariño porque “a él siempre se le ha considerado el torero de València por excelencia”. Barrera no olvida los naturales del sexto de Luis Algarra el 20 de marzo de 1996 o aquella faena un año después el día de San José a un toro de Atanasio Fernández.

Sobre su particular concepto del toreo, Barrera aclara que nunca le gustó parecerse a nadie pero en su tauromaquia caben desde Manolete, Pepe Luis Vázquez, Julio Robles, El Capea o Espartaco: “Mi toreo ha sido clásico, basado en la verticalidad, el valor y el temple, y las comparaciones que se han hecho con Manolete son injustas porque, para mí, ha sido la mayor figura del toreo que ha habido en la historia. El toreo actual bebe de él porque es el que inicia el toreo en redondo y el primero que proyecta la profundidad en los muletazos. En la época de Belmonte o de mi abuelo Vicente Barrera Cambra el toreo era lineal aunque ya se empezó a torear con temple”, concluye.

(Entrevista publicada en el periódico LEVANTE-EMV en la edición de papel de 20.07.2019, Valencia)

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