La metamorfosis de Fortes

Franz Kafka publicó “La metamorfosis” en 1915 (escrita en 1912) y Saúl Jiménez Fortes echó a volar las esperanzas con su propia transformación el domingo de Ramos de 2018 frente a los victorinos en Las Ventas. Para el diestro malagueño, vivir no es un verbo seguro porque ha estado a punto de perder la vida en la Feria de san Isidro y Vitigudino por dos cornadas en el cuello. Dos heridas de guerra que vierten la luz del toreo más auténtico y profundo en los vuelos de una muleta desmayada y capaz de burlar al destino prefijado. La verdad de Fortes se escuchó en Madrid como un llanto de cruces arrastradas con media docena de naturales. Una guerra personal por existir de un hombre que no utiliza el toreo como consuelo.

Un natural de Fortes en Las Ventas frente a «Mucamo». Foto: Andrew Moore.

Los naturales de Las Ventas valen todo el sufrimiento de mi carrera

¿Qué sabor le deja su tarde en Las Ventas?
Fue una tarde de plenitud, intensa y mágica. Me siento orgulloso y agradecido porque en mi día a día vivo en una insatisfacción permanente. Creo que la profesión me ha hecho sufrir pero, al mismo tiempo, me ha hecho crecer y lo he demostrado delante de los victorinos.

 

¿Cómo afrontó el festejo?
Es la primera vez que voy a Madrid relajado y dispuesto desde un punto de vista más creativo y más artístico. En otros momentos de mi carrera llegaba a Las Ventas muy presionado porque quería resolver mi futuro en una tarde y creo que no daba lo mejor de mí. Ahora toreo por placer sin el ansia de triunfar. La madurez personal es lo que me ha ayudado a mejorar como torero porque soy capaz de vivir el presente y apostar todo a cambio de media docena de naturales.

 

¿Cómo definiría su faena a «Mucamo» de Victorino Martín?
Fue apasionada y valiente. En la primera fase preparé al animal para torear al natural y eso mantuvo la conexión en los tendidos. Para mí, la clave fue un desarme donde «Mucamo», un toro con clase y una embestida profunda, me pisó la muleta y realicé un desplante. Era la oportunidad de que la faena cogiera el vuelo necesario porque tuve una claridad de la que no disponía en otros momentos de mi carrera.

 

Y llegaron los naturales.
Me abandoné completamente porque dejé de torear con el cuerpo y la mente para sacar el alma. Son momentos de naturalidad y entrega absoluta para sentir esa embestida lenta y enroscarla a mi cintura. Por ese sentimiento soy torero. Los naturales de Las Ventas valen todo el sufrimiento de mi carrera. Yo me entrego a cambio de nada porque torear es un arte absurdo, es decir, no queda en ninguna parte como un cuadro que puede verse en cualquier museo y, por tanto, toreo para sentirme bien.

 

¿Cómo logró abandonarse de esa forma?
Lo persigo desde que decidí ser torero y creo que es una comunión entre el toro y el hombre con un compromiso total. el valor y la entrega son fundamentales pero no creo que los toreros nazcamos con valor sino que es la decisión que tomamos para superar el miedo que introducimos en nuestra vida.

 

¿Cuál es su compromiso?
Entregar mi tiempo y mi vida por mi vocación. Eso conlleva buscar mi mejor versión cada día para encontrar la plenitud. El toreo de la naturalidad y del abandono absoluto es el que intento expresar y creo que ahí radica la importancia de la tarde del domingo de Ramos porque ha impactado el cambio en mi concepto de expresar el toreo.

 

¿Cuándo llegó ese cambio en su forma de torear?
Después de la cornada en Vitigudino. En ese momento me replanteé la profesión pero decidí, de nuevo, comprometerme al máximo con la tauromaquia y aceptar todas sus consecuencias.

 

¿Pensó en dejar de ser torero en ese momento?
Sí, preparé la mente para abandonarlo por las secuelas de la cornada en el cuello. En esa fase, torear dejó de tener importancia porque tenía que recuperarme para hacer vida normal.

 

¿Cómo volvió a ilusionarse?
Cuando toreé en el campo y vi que podía poner mi carrera a ese nivel de naturalidad y entrega. Me puse pequeñas metas y entendí el precio que tenemos que pagar los toreros en esta profesión. Sé que puedo perder la vida pero, mientras llega ese momento, escojo el toreo para sentirme realizado.

 

¿Cuáles son esas metas?
Sentir la lentitud de que un toro coja el vuelo de la muleta. Busco sentirme torero, alimentarme del resto de toreros e investigar las embestidas de cada encaste. Ahora persigo sensaciones más románticas que competitivas. Mi objetivo es emocionarme con mi toreo para emocionar al público. El nuevo apoderamiento y el cambio de mi residencia a Madrid también han sido una apuesta por el toreo porque en la mesa tenía otras opciones con mayor seguridad económica pero pensé que cuando sea capaz de torear mejor, me vendrán más contratos.

Jaime Roch

(Entrevista publicada en el periódico LEVANTE-EMV en la edición de papel de 03.04.2018, Valencia)

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